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Ciclo
Entrevista a Andrés Barba
por
Finestres
31.03.2025

Andrés Barba es escritor, poeta y traductor. También es coeditor y creador, junto con Alberto Pina, de la editorial de libros de artista El cañón de Garibaldi. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Princeton y ha disfrutado de becas y residencias de la Rockefeller Foundation, la Academia de España en Roma y la New York Public Library. Su obra se ha traducido a veintidós idiomas en algunas de las editoriales más prestigiosas del mundo.

Los días 12 y 13 de mayo, guiará uno de nuestros ciclos, titulado Ante la risa de los demás, un taller de reflexión sobre la naturaleza y los límites del humor. Hemos hablado con él para profundizar en el planteamiento del ciclo y señalar algunos de los temas que trataremos.

Has escrito La risa caníbal y ahora con este ciclo te propones reflexionar sobre la naturaleza y los límites del humor. ¿Qué es lo que más te interesa de la risa?

Lo que más me interesa de la risa es su dimensión política. El poder que tiene de ponernos en compromiso y el miedo que sentimos cuando alguien nos pone en el punto de mira de su chiste. Cada vez que sentimos miedo ante la risa del otro hay una gran cantidad de información íntima a la que no podemos acceder desde ningún otro lugar.

El ciclo lo has titulado Ante la risa de los demás. ¿Por qué tememos la risa del otro?

La risa del otro es temible entre muchas otras cosas porque pone en tela de juicio los puntos débiles de nuestro idealismo. La risa es una toma de tierra materialista. Es como vernos en un espejo sin filtros embellecedores. Tememos la risa de los demás porque solo la vemos bajo su condición de insulto, de ahí proviene todo ese gran movimiento no solo de cancelación, sino también de judicialización del humor. Es mucho más fácil pegarle un tiro a quien se ríe de nosotros o meterle en la cárcel o vandalizarle en las redes, que apropiarnos de todo ese material y juzgarnos desde fuera con una mirada crítica. Quien responde con agresividad (judicial o simbólica) al humor, siempre sale, paradójicamente, debilitado, mientras que quien se apropia del chiste que supuestamente pretendía atacarle, sale siempre enriquecido en última instancia.

¿Qué implica reírnos del otro? ¿Existe siempre una relación de poder en el humor?

Sí, el humor es esencialmente poder, porque está situado en el límite de lo decible, de ahí que esté siempre bajo la sombra de quien decide judicialmente o moralmente qué es lo que se puede y lo que no se puede decir. Pero el humor no implica necesariamente que ese poder se ejerza de arriba hacia abajo. El humor ha sido siempre la herramienta por antonomasia de los débiles para defenderse de los fuertes. Como dice un refrán vietnamita que me encanta, “cada vez que el campesino se inclina frente a su señor, deja escapar un silencioso pedo”.

La primera frase de tu libro dice: Cada vez que una persona abre la boca para reír está devorando a otra persona.¿Crees que toda risa implica un elemento de agresión o exclusión?

Sí, por supuesto, pero el hecho de que lo implique no significa que no contenga muchísimas más cosas, algunas de ellas más valiosas e importantes para nuestra supervivencia más elemental, como la libertad de expresión, la libertad de pensamiento, la posibilidad misma de la dialéctica y la crítica. Bien mirado, casi cualquier gesto lingüístico o político implica una forma de agresión o de exclusión. La agresión y la exclusión están en nuestra naturaleza del mismo modo que lo están el amor y la comunidad. Pretender abolirlas no solo es una batalla infructuosa, sino que casi siempre se hace desde un lugar partidista, porque la comunidad de uno es siempre la exclusión de la comunidad de otro, y cuando amamos a alguien significa que hay otra persona a la que decidimos no dar nuestro amor.

Durante las dos sesiones se analizarán momentos en que el humor ha puesto contra las cuerdas la realidad, en cuestiones de poder. ¿Es el humor una herramienta para el cambio? ¿Tiene el peligro de convertirse en solo una vía de escapatoria?

Por supuesto que lo es. El humor es una herramienta dialéctica y política. Ni siquiera el humor más banal y aparentemente más blanco (alguien pegándose un batacazo contra el suelo) está exento de una dimensión política; porque esa persona que se cae al suelo, tiene una edad, un sexo, una condición social, y en nuestra risa todas esas cualidades están en funcionamiento. El humor no es nunca simplemente una vía de escapatoria, porque incluso cuando lo es, el mismo hecho de que estemos escapando de algo a través del humor, es bien significativo del lugar que le otorgamos.

Hablarás, en una de las sesiones, de la relación entre el humor y la religión. ¿Qué tienen en común Aristófanes y Charlie Hebdo?

En ese complejo terreno que implica que la risa es una potencial agresión a los sentimientos privados de otra persona, el mundo de los sentimientos religiosos es quizá más delicado de todos, pero no se puede ser tan ingenuo como para pensar que la risa sobre los sentimientos religiosos es algo estrictamente contemporáneo. Desde que el mundo es mundo los hombres y mujeres se han reído de las religiones ajenas. Una persona verdaderamente religiosa jamás debería sentirse agredida por la risa de otro humano, por qué un hombre sencillamente no podría jamás poner en compromiso a Dios. Es más, cuanto más religiosas son verdaderamente las personas, menos temen la risa religiosa. El propio Dalai Lama es un buen ejemplo de eso. Por otro lado, cuanto más mundana es la manera de vivir la religión, cuanto más se entiende la religión como una mera estructura política y de poder, más se ofende la gente con el chiste religioso. Casi podría decirse que es una ecuación infalible. Cuanto más se ofenden, más se puede decir que dudan esas personas de la legitimidad de su propia religión, o no se verían tan necesitados de atacarla por todos los medios judiciales y civiles. En realidad se enfadan, porque su fe no es tan fuerte como dicen.

El debate sobre los límites del humor parece estar más vivo que nunca.¿Es el humor una forma de transgresión necesaria?

El debate sobre los límites del humor es un debate sencillamente mal planteado en los términos, porque el espacio que ocupa el humor es sencillamente el espacio del límite. No puede haber límites para el humor, porque el humor no se puede concebir sin el límite. Si no hay límite, no hay humor. La transgresión no solo es necesaria, sino que es imprescindible para la mera supervivencia de la prohibición. Lo explicó muy bien George Bataille en El erotismo: las transgresión del tabú no implica su pertinencia, todo lo contrario: es su confirmación.

En este ciclo has elegido diversas lecturas para acompañar la reflexión sobre el humor. ¿Podrías hablarnos un poco sobre ellas?

Son lecturas muy clásicas sobre el tema del humor. Yo creo que cada persona que se adentra en este tema casi inconmensurable, debe de hacer un poco su propio viaje, su propia búsqueda. En estos miles de años de filosofía y pensamiento que llevamos encima, no habido ni un solo filósofo, ni filósofa que no se haya cuestionado por qué reímos, qué buscamos cuando reímos, qué nos sucede, cuáles son las repercusiones de reír, por qué lo necesitamos tan desesperadamente. Las lecturas no tienen porque ser necesariamente filosóficas, como son las de este taller, a veces las lecturas propiamente humorísticas son las que más nos ayudan a reflexionar.

¿Hay algún autor o autora que haya cambiado tu manera de pensar sobre el humor?

Bergson fue el primer autor que me hizo comprender que el humor es una cosa muy seria, por decirlo así, pero mi trayectoria personal Helmut Plessner, con un pequeño libro titulado La risa y el llanto, fue casi más revelador. También me deslumbró La crítica a la razón cínica de Sloterdijk.

¿Cómo es de importante el humor en la literatura?

Es absolutamente esencial. Uno puede saber lo listo idiota que es un autor o un autora esencialmente por medir el grado de sentido del humor que se respira en su literatura.

¿Hay algo más que te gustaría compartir para animar a la gente a asistir al ciclo? ¿Qué pueden esperar quienes participen?

    Nada en particular, yo creo que pasaremos un par de tardes agradables, disfrutando de charlar de un tema que es inabarcable y fascinante.